Pixán Halal. Protagonista de la peregrina.

Por: Línea Recta.

5 septiembre, 2017.

Cualquier evocación de la canción yucateca no puede soslayar la historia de romance y tragedia que acompaña a una de sus expresiones más bellas: La Peregrina. Esta historia tuvo su culminación dramática el 3 de enero de 1924. Ese día, en el Cementerio General de Mérida, soldados delahuertistas que se habían rebelado contra el presidente Álvaro Obregón llevaron a Felipe Carrillo Puerto hasta una pared, listos para fusilarlo. Se cuenta que un momento antes de que el gobernante yucateco cayera abatido por las balas, llamó a uno de sus inminentes ejecutores, puso en sus manos un anillo y le dijo:
-Entrégaselo a Pixán Halal.
Instantes después, el cuerpo se desplomaba sin vida. Se cerraba así un capítulo regional de la historia política de México, pero también se frustraba una historia de amor y, paralelamente, se generaba una leyenda envuelta en la melodía de una canción: La Peregrina.


Preparativos para la boda

Carrillo Puerto, El dragón de los ojos verdes que le decían sus amigos, hacía los preparativos para casarse en San Francisco, California, en segundas nupcias, con la periodista estadounidense Alma Reed, cuando lo sorprendió la rebelión delahuertista que lo llevó al paredón. Ella era la Pixán Halal a la que se refería Carrillo Puerto un instante antes de morir, pues Pixán significa alma en lengua maya y Halal significa junco, equivalente al reed del apellido de la hermosa mujer. Para la leyenda quedaron los bellos versos de Luis Rosado Vega, uno de los más grandes poetas de Yucatán, entretejidos con la música de Ricardo Palme-rin, uno de los grandes de la canción yucateca. Sobre el origen de La Peregrina existen diversas versiones.

La versión más confiable es la que el poeta Rosado Vega publicó en 1952 en el cancionero Clemens, dirigido por Rubén Peniche Díaz:

“La letra fue una simple consecuencia de una lluvia primaveral”. Llovió copiosamente una tarde, y esta lluvia auspició una noche espléndida. Teatro, la Casa del Pueblo durante un festival. Concluido éste nuestro inolvidable Felipe Carrillo Puerto, Alma Reed –la singular, por bella, periodista norteamericana, pero del sur de los Estados Unidos, o sea de San Francisco, California– y yo debíamos asistir a un convivio en la casa del maestro Filiberto Romero, director de la Escuela de Música. En el auto iba Alma sentada entre Felipe y yo. Entramos en el suburbio de San Sebastián. Con el aguacero de la tarde la tierra había abierto sus entrañas, y des-pedía de ella misma ese grato y sugestivo aroma de la tierra cuando acaba de ser fecundada por la lluvia. La vegetación que tupía en los solares regocijada por las aguas que la habían lavado, también hacia fluir el perfume de las florecillas, silvestres las más, de sus retoños, de sus hojas… y Alma dilató el pecho como para absorber a pleno pulmón aquellas fragancias. y dijo: ¡Qué bien huele!… Le salí al paso con una frase simplemente galante: Todo huele bien porque usted pasa. Tierra. flores, quisieran besarla y por eso llegan a usted con sus perfumes. Dijo Felipe al punto: Eso se lo vas a decir en un verso, Contesté: Se lo diré en, una canción. Alma rió argentinamente.
Así reía. Concluido el convivio y ya en mi casa, compuse la letra. No podía olvidar a Palmerin. En la mañana siguiente lo busqué y se la di. Dos días después ya había nacido la canción. Y eso fue todo.


Se traduce un romance

Se me ha preguntado alguna vez cómo se explica que aquí mismo en Yucatán hubiese prosperado tanto una canción dedicada a una extranjera. Yo digo: el caso es muy explicable. Esa canción ha prosperado no por estar dedicada a una extranjera, sino porque traduce un romance de amor muy hondo de un personaje nuestro que hizo época. desde entonces muy discutido y que lo sigue siendo. Ha prosperado porque además esa canción despide de sí misma algo del aliento de nuestra propia tierra, del mismo modo que aquella noche la tierra mojada y la vegetación exhalaban sus alientos. El mérito de la canción es discutible, pero sus antecedentes la han consagrado.
Hay un exceso de modestia en las palabras del poeta. El mérito es enorme, se trata de una de las más hermosas canciones yucatecas tanto por la galanura de su verso como por la melodía de su música:

Peregrina de ojos claros y divinos
y mejillas encendidas de arrebol,
peregrina de los labios purpurinos
y radiante cabellera como el sol.

Peregrina que dejaste tus lugares,
los abetos, y la nieve virginal,
y viniste a refugiarte en mis palmeras
bajo el cielo de mi tierra, de mi tierra tropical.

Las canoras avecitas de mis prados
por cantarte dan sus trinos si te ven,
y las flores de nectarios perfumados
te acarician en los labios, en los labios y en la sien.

Cuando dejes mis palmeras y mi sierra,
peregrina de semblante encantador,
no te olvides, no te olvides de mi tierra,
no te olvides, no te olvides de mi amor.

Alma no se olvidó de la tierra
yucateca ni de su amor
Un día de 1965 á 1966, durante una reunión en la ciudad de México, dijo a un joven senador que por entonces aspiraba a la gubernatura de Yucatán:

–Tú te sentarás en la silla de Felipe.
–Perdóneme, ¿quién es usted? –preguntó el sorprendido político.
–Alma Reed.
–Señora, es un honor…

Para entonces, Alma María Sullivan –tal era el nombre verdadero de Alma Reed–, la célebre periodista de The New York Times, había sido colmada de honores. Poseía, entre otras condecoraciones, la Orden del Santo Sepulcro del gobierno griego, la Medalla del Mérito de la República del Líbano y la Orden del Águila Azteca del gobierno mexicano.

–Gracias…usted será gobernador de Yucatán. Y quiero pedirle un favor para cuando lo sea.
–No sé si lo seré, Pero estoy para servirla.
–Yo no lo veré como gobernador, moriré pronto. Y quiero pedirle que cuando yo muera me sepulten en Mérida, cerca de Felipe.
Pasó el tiempo, y una noche el senador –quien efectivamente llegaría a la gubernatura yucateca– recibió, por con-ducto de un diplomático estadounidense, una urna con las cenizas de Alma María Sullivan, quien había fallecido en noviembre de 1966. –Nos dejó dicho que usted sabría qué hacer con la urna…


Versión de su Origen

Descansa junto a su amado
Y Carlos Loret de Mola, con mucha discreción para no provocar escándalos en la ciudad, sobre todo porque algunos parientes de Felipe Carrillo Puerto podrían sentirse ofendidos, cumplió con el encargo. Hoy Pixán Halal descansa en el Cementerio General de Mérida, muy cerca de donde fue fusilado y sepultado su amado Felipe, sitio este último que fue convertido en la Rotonda de los Socialistas Ilustres. Esta versión, que tiene el encanto de la leyenda, no pudo ser plenamente confirmada por el autor. De lo que no existe duda es de que, cerca de la Mencionada rotonda, existe una lápida de piedra de Ticul, en una de cuyas caras se lee este texto: “Alma Reed. Historiadora del CEDAM. Dio a nuestra asociación renombre mundial. Acatando su última voluntad, depositamos sus restos en esta tierra santuario de sus recuerdos. Club de Exploraciones y Deportes Acuáticos de México, A.C. CEDAM Internacional”.

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