La burbuja Inmobiliaria que se niega a reventar.

Por: Línea Recta.

5 diciembre, 2017.

Por: Redacción LR

“¿Cuál crisis?” – seguramente has escuchado esa frase infinidad de veces, mientras manejas por la más nueva torre de departamentos, plaza comercial de lujo, privada residencial integral u hotel de primer nivel en Mérida—y ni qué decir de las imponentes obras turísticas, hospitalarias y de entretenimiento que se han desarrollado en los pasados 5 años por una gran cantidad de inversionistas locales y foráneos.

La cara de la ciudad cambia tanto y tan rápido, que tal pareciera que Mérida, una vez que arrancó, nada más no se detiene; claro, uno está acostumbrado a ver esta cantidad de movimiento en las metrópolis del país, pero hasta hace un par de décadas, era más que evidente que el desarrollo en nuestra ciudad dormitaba a pesar del gran intercambio económico que se realiza desde tiempos inmemoriales en la tierra del Mayab.

Es evidente que éramos una ciudad de duras tradiciones: residir en una casa de colonia cotidiana con un amplio patio, ir al mismo centro comercial año con año, vacacionar en Progreso, comer los tacos de cochinita de la esquina cada domingo y disfrutar de tener los ingresos –bien ganados—del negocio familiar o de una profesión de abolengo, gestada para satisfacer a una ciudad que se movía en un eterno círculo.

Y, como siempre, llegó la disrupción: como una vorágine, arrivó el Siglo XXI—tanto metafóricamente como de manera literal—. El inicio de la década de los 00’s y el desarrollo de los verdaderos primeros imanes modernos de desarrollo económico (el turismo de médico, de convenciones y el desarrollo inmobiliario a la par del comercial) llegó para revitalizar el norte de la ciudad: desde la zona de Cordemex hasta Altabrisa, pasando por lo que sería la Av. García Lavín y el Centro y Sur de la Ciudad, en épocas más recientes.

Casi sin querer, las tradicionales casas de las colonias fueron dando paso a una homogénea mezcla de comercios y residencias, mientras más y más yucatecos fueron reubicando su vivienda hacia fuera de Periférico, o tal vez en los desarrollos nuevos que se alejaban del bullicio pero que tenían servicios modernos y listos para recibir habitantes. La Mérida del futuro estaba naciendo, y los yucatecos nos preguntábamos: ¿es necesaria esta reinvención?

La respuesta llegó a tambor batiente: dos ciudades satélite, una quinteta de nuevos malls, plazas de locales en cada esquina –todas ocupadas hasta el tope—, restaurantes de autor con especialidades gourmet, hoteles boutique, especializados y de gran turismo, haciendas convertidas en centros de hospedaje de ultra lujo, un nuevo Centro de Convenciones, el Gran Museo del Mundo Maya, una cantidad impresionante de privadas dentro y fuera de los límites de la ciudad y, más importante que nada, un boom de verticalidad y departamentos, tomaron por sorpresa la cotidianidad yucateca.

“¿Y quién vive ahí?” “¿Para quién construyen todo eso?”

 

Cualquier observador puede hacer esas aseveraciones y llegar a la misma conclusión. Sería muy fácil –y lo es— afirmar que todo este desarrollo se está dando solo por el hecho de poder hacerlo. Construir por construir, sin saber si va a funcionar o no: ¿es acaso esto el inicio o la madurez de una burbuja inmobiliaria en Mérida? ¿Podrán llenar esos miles de departamentos a la venta? ¿Habrá gente para comprar en esas tiendas y comer en esos restaurantes?

Sería muy ingenuo pensar que alguna de las dos respuestas es definitiva. Claro, se está construyendo más de lo que la demanda exige, pero también: ¿nos hemos puesto a pensar en la cantidad de gente que está llegando a Mérida, ya sea a vivir o a hacer negocios? No hay números concretos, pero un par de análisis no oficiales aseguran que Mérida va a duplicar su población antes de 2050, una cifra que ha estado rondando por los escritorios de numerosos desarrolladores de vivienda y comercio en los pasados años.

Y para muestra un botón: hasta el 70% de los desarrollos residenciales en Mérida se venden en su totalidad en la fase de preventa, augurando un buen futuro para el proyecto.

Este año ha sido, métrica por métrica, un año ejemplar para la ciudad capital yucateca, que sustenta la gran cantidad de proyectos que se están generando. Según cifras del Ayuntamiento y de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), Mérida está en la parte superior del top nacional inmobiliario, al acumular hasta 1,845,805 m2 de construcción en 2016, que representaron una inversión de 2,068 mdd, en más de 25 proyectos.

La misma AMPI, incluso, llamó a Mérida la “Capital Comercial del Sureste”, por su vertiginoso ritmo de desarrollo inmobiliario. Esto, aunado a su determinación recurrente como la ciudad más segura del país y la Capital Americana de la Cultura, hace que ésta sea vista como una inversión estable, próspera y efectiva – por tanto los desarrolladores como los potenciales clientes. Y no es para menos, ya que en 2017 se están construyendo más de 250,000 m2 de áreas comerciales y casi 3,000 habitaciones de hotel, complementando las más de 8,000 que ya existían.

Y tal vez la cifra más impactante proviene también de la AMPI, pues afirman que en los pasados 8 años Mérida pasó de 20 a 100 desarrollos habitacionales, creciendo a una tasa de 400%, misma que hace similitud a la presunta fuerte migración a nuestra ciudad. Esto, además del establecimiento de hasta 5 empresas industriales en Yucatán, cuyos trabajadores y directivos se establecen en Mérida y su periferia, y el desarrollo de la Plataforma Logística y Zona Económica Especial (ZEE) por parte del Gobierno del Estado.

Sabiendo todo esto, estamos conscientes que Mérida ha puesto de su parte para incentivar una constante inversión y generación de numerosos proyectos que impulsan la economía de la ciudad y, además, el estado. La creación de infraestructura ha estado, por la mayor parte, ligado al desarrollo privado de la ciudad, atendiendo los lugares donde más ha aparecido oferta inmobiliaria, por lo que se puede asumir una impecable coordinación entre los distintos actores en la sociedad. Y, considerando el reciente sismo en la Ciudad de México y algunos otros factores que afectan la situación civil en el resto del país, Mérida sólo se convierte con cada día que pasa en un polo más y más atractivo para que gente de México “llegue a vivir con nosotros”.

Como afirmamos anteriormente, la respuesta a la presunta existencia de una burbuja inmobiliaria en Mérida nos tomaría más de un breve artículo en Línea Recta para analizar y fundamentar. Sin embargo, regresando a lo más básico de la economía –la oferta y la demanda—, podemos afirmar que Mérida está más que lista para enfrentar la realidad, exista o no este fenómeno. Y cada momento que pasa, tendemos a pensar que Mérida, por los próximos años, será el nuevo hogar de muchas, muchas familias más. Y éstas tendrán dónde vivir.

¿Y si esas familias no llegaren?.

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