En medio de un caótico 2017. China se perfila rumbo a la hegemonía

Por: Línea Recta.

21 diciembre, 2017.

El año es 2017: Estados Unidos se sumerge cada día más en una crisis social que ronda en caos constitucional, mientras que el mundo decide –de una vez por todas—dejar de seguirlos y emprender un camino propio con metas comunes. La ideología basada en el legendario follow the (American) leader es cosa del pasado y parece que hay un nuevo puntero en el orbe… y es quien uno menos espera.

No te culparía si piensas que suena idéntico al argumento del más nuevo thriller distópico de Hollywood en cartelera. Pero no: esa es la realidad que vivimos día con día en este año que ha demostrado rondar peligrosamente en la locura económica, social y diplomática.

Sin embargo, el ascenso de China como un jugador importante a nivel internacional es un hecho que no debe sorprender a nadie, pues el país ha tomado medidas desde hace un buen número de décadas para asegurar su posición en el entorno internacional – esto, de la mano de diversos líderes pero nadie a tan gran escala como Xi Jinping, actual presidente de la potencia asiática, quien no sólo goza de una estabilidad social sin precedentes, sino del poder que trae el encabezar una próspera economía mixta.

La República Popular China unificada desde 1949, con Mao Zedong

Y es que hablar de la China moderna nos toma mucho menos de un siglo: apenas sesenta años han transcurrido desde la célebre revolución que Mao Zedong comenzó en 1949, un movimiento de independencia que dio lugar a la República Popular China unificada y que sentó las bases para eliminar la epidemia de guerras, invasiones e insurgencia civil que azotaban el vasto territorio chino. Todo esto puso los cimientos para que en el futuro dos sucesores en particular tomaran la batuta de transformar el país que tenían en sus manos, de forma aditiva, siguiendo de manera ejemplar un proyecto que iniciaba con cambio social.

La Historia Moderna Global de China, en 1978, con Deng Xiaoping

Es ampliamente considerado que la historia moderna global de China comenzó en 1978, cuando el otro líder Deng Xiaoping reformó a gran escala el modelo económico del país –de la mano de la retórica del Partido Comunista, pero con tendencias claramente capitalistas— con miras a desarrollar y despertar al “gigante dormido,” un valiente ajuste que resultó en un crecimiento promedio anual sostenido de 9.6% en su Producto Interno Bruto (PIB) durante tres décadas, y la multiplicación trece veces de ese importante indicador económico a lo largo de dicho periodo de tiempo.1

 

Las 5 categorías de actividad humana

Esta reforma, basada en el desarrollo de cinco categorías principales de actividad humana: agricultura, empresas públicas, sistema de precios, sistema financiero y comercio internacional, ayudó a colocar a China no sólo en la mira mundial de inversionistas y políticos, sino como líderes de un proyecto que, con el tiempo, los colocaría en la cima de la economía global.

El Partido Comunista Chino, es la columna vertebral del sistema

Sin embargo, la columna vertebral del sistema chino es, claramente, el Partido Comunista (PCCh). Para los observantes electorales de todo el mundo, hablar de Gobierno en China va de la mano con el PCCh, ya que al ser un país en el que no existe la figura de voto universal de sus habitantes, las decisiones se toman por medio de cónclaves de un grupo de poderosos políticos que van de lo general a lo particular.

Este sistema está conformado por más de 2,000 delegados que provienen de todo rincón del país, pasando por el Comité Central (similar a un Parlamento, que se reúne siete veces durante cada término de cinco años para dictar nuevas estrategias en los llamados Plenos), hasta el Comité Permanente (de 7 personas, considerados los más poderosos de la entidad asiática y de donde usualmente surgen los nuevos líderes), pasando por el Politburó, que hace las veces de gabinete del gobierno y es un remanente de los modos soviéticos de antaño.

Dichos cónclaves tienen como objetivo principal elegir a los integrantes de las ya mencionadas cámaras del Partido-Gobierno cuyos términos estén por vencer, así como escuchar las estrategias y políticas a mediano plazo, dictadas por medio de un largo discurso del Presidente de China y Secretario General del PCCh—un ejercicio de retórica política que hace eco en absolutamente todos los países del mundo.

2012, Xi Jinping y su revolución económica, militar y cultural

En la última convención antes de la que nos concierne en este artículo—aquella de 2012— resultó electo Xi Jinping, quien ha encabezado una verdadera revolución intramuros en el PCCh, al poner una doctrina de tolerancia cero ante la corrupción dentro del Partido; una táctica de mano dura que le ha ganado numerosos enemigos y, a la vez, ha consolidado su poder dentro del mismo y con los habitantes de China—quienes, por medio de artimañas de propaganda muy astutas, consideran a Jinping una especie de Mao moderno, encabezando una revolución no sólo económica y militar, sino cultural, puesto que esas tres instituciones son mucho más poderosas ahora que en tiempos de Zedong.

Es así como Xi sorprendió a muchos por la rapidez y la fuerza con que tomó el control del creciente país, que cada vez contaba con más influencia en la zona asiática, a pesar de un ambiente macroeconómico de incertidumbre y desaceleración. Esta estrategia incluyó dejar su impronta en dos de las instituciones más poderosas de China, el partido y el ejército, lo que hizo usando dicha campaña anticorrupción.

China, viable nuevo líder mundial

Flash-forward a 2017: en la actualidad geopolítica, la noción de China como viable alternativa a la hegemonía de Estados Unidos va tomando amplio vuelo, habiendo sido reforzada de forma principal por el antagonismo norteamericano hacia uno de sus socios comerciales más importantes. De hecho, el Presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, ha reiterado su oposición –frecuentemente vía Twitter—en torno a los llamados “juegos monetarios” de China con el yuan, entre otras duras (y falsas) aseveraciones.

La rabieta de Trump al dejar el TPP, deja a China como líder comercial de esa zona

De igual manera, Trump ha lanzado ataques a los métodos de comercio internacional chino, enfatizando medidas de proteccionismo a la industria de EEUU, sendas rabietas que alcanzaron su cénit con la salida de este país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). Este suceso contundente posiciona a China como líder comercial de facto en la zona Asia-Pacífico, con amplia libertad de ejercer influencia y poner reglas con los socios que continúan en el acuerdo, o bien, realizar nuevos tratados internacionales.

Ese sencillo ejemplo basta para probar el poderío chino en el entorno internacional. Es difícil pensar que un país que hasta hace 30 años apenas comenzaba a mostrar sus cartas en el panorama económico, ahora sea el referente de desarrollo con indicadores envidiables casi a prueba de recesiones, pero así es. Y el hombre clave en esto es Xi Jinping.

Xi Jinping, se coloca al nivel de Mao

En su discurso durante la convención 2017, Xi no tuvo reparo en elevarse al nivel de figuras del panteón chino – y era una pista de lo que vendría: “si Mao hizo a China independiente y Deng la hizo próspera, yo la fortaleceré nuevamente, impulsando a China hacia una nueva era.” Y, cumpliendo la promesa de colocarse en el mismo respiro que Zedong y Xiaoping, el mandatario –con el apoyo del PCCh— realizó algo virtualmente inédito en la política internacional: enalteció su doctrina al nivel constitucional.

Efectivamente, al elevar su filosofía y nombre a la Constitución China mientras está vivo y ejerciendo un término gubernamental, Jinping se ha otorgado un poder casi ilimitado en la nación que preside. El propio PCCh ha consagrado las ideas de Xi como “un nuevo componente de la guía de acción del partido”, un hecho que lo  coloca en un pedestal doctrinal junto a Mao y Deng (quien sólo fue añadido una vez muerto).

Hasta antes de este impactante hecho, Zedong y Xiaoping fueron los únicos líderes chinos, y el seguido después de fallecer, cuyos nombres aparecían en la lista constitucional de doctrinas fundamentales. Incluso, esto eclipsa el legado de los que vinieron inmediatamente antes de Jinping, puesto que colocarlo por su nombre lo eleva por encima de sus dos precursores más recientes, los ex presidentes Hu Jintao y Jiang Zemin: ambos cuentan con ideas que están en la lista de doctrinas, pero no sus nombres.

Fortalecer el crecimiento económico con mayor control gubernamental

El consolidar de esta manera el poder en un solo funcionario trae memorias poco agradables de dictaduras y efectivamente el plan maestro de Xi parece no tener fallas: a pesar de estar en su segundo y último término, la línea sucesoria de China está borrosa: todos los miembros de su nuevo Politburó están superando la barrera de los 60 años—lo que los hace demasiado veteranos para ser elegidos presidentes en 2022, cuando Jinping concluya su mandato. Ningún otro presidente chino ha iniciado un tercer término y si él lo llega a hacer, rompería el precedente y activaría los focos rojos en el ambiente internacional.

Dicho esto, no hay razón para creer que la de-por-sí precaria situación electoral en China esté en un riesgo aparente en manos de Xi. La gran cantidad de reuniones durante el mandato gubernamental y el aparente quórum entre miembros del PCCh deja un aire de tranquilidad en Pekín. Sin embargo, en los venideros años, está claro que China intentará fortalecer su crecimiento económico al combinarlo con un mayor control gubernamental. El gobierno de Xi ya está tomando medidas duras contra los disidentes y las minorías étnicas y censurando las críticas en las redes sociales, lo que le pone un preocupante velo a la prosperidad del país y a su imagen como líder geopolítico.

El sólido mandato de Jinping, hace retroceder la influencia de Occidente

No obstante, el blindaje que Jinping le ha colocado a su mandato parece hecho a la medida para un año tan caótico como 2017: su propia versión de la doctrina del Partido Comunista mezcla elementos del comunismo chino con el nacionalismo, y hace retroceder la influencia de Occidente—un pensamiento que va muy acorde con las tendencias nocivas etnocentristas que están apareciendo en diversas naciones de Europa, además de Japón y, sí, Estados Unidos.

Y aunque Xi no ha ascendido todavía al nivel “divino” de Mao, es incuestionable que China es un país muy poderoso bajo su liderazgo y que, al menos por ahora, éste no parece tener fecha de caducidad. La pregunta es hacia dónde va desde aquí. El mundo, cada vez más a sus pies, estará a la expectativa.

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